Entrevistamos a Miguel Ángel García, presidente del Colegio Oficial de Farmacéuticos de La Rioja.

Para poner en situación a nuestros lectores, ¿cuántas farmacias conforman el COF de La Rioja? ¿Y cuánt@s farmacéutic@s?
Contamos con casi 500 colegiados y una red de 158 oficinas de farmacia y 47 botiquines repartidos por toda La Rioja. Es una red amplia para el tamaño de nuestra comunidad, y esa es precisamente una de nuestras grandes fortalezas. Pero siempre me gusta recordar que el farmacéutico está presente también en muchos otros ámbitos: hospitales, análisis clínicos, salud pública, docencia, investigación, industria, distribución, óptica, ortopedia... La profesión es mucho más diversa de lo que a veces se percibe desde fuera.
¿Cuáles son las herramientas que aporta el Colegio a la hora de ayudar en el día a día a sus asociad@s?
El Colegio es, ante todo, un respaldo. Ofrecemos apoyo jurídico y asesoramiento en el día a día profesional, formación continua para que nuestros colegiados estén siempre actualizados, y acompañamiento en todos aquellos momentos en que el farmacéutico necesita orientación. Pero quizá lo más importante es la representación institucional: ser la voz del farmacéutico riojano ante la Administración, los organismos sanitarios y la sociedad. Esa interlocución constante y constructiva con la Consejería de Salud es uno de nuestros activos más valiosos, porque nos permite trasladar las necesidades reales de la profesión y trabajar juntos para dar la mejor respuesta posible al ciudadano.
¿Cuáles son los retos actuales a los que se enfrentan l@s farmacéutic@s en La Rioja? ¿Y los desafíos futuros?
Vivimos un momento realmente apasionante para la profesión. El reto principal es consolidar el papel asistencial y social de la farmacia, algo que ya estamos haciendo pero que merece un reconocimiento más formal dentro del sistema sanitario. El envejecimiento de la población y la cronicidad nos plantean una oportunidad extraordinaria para aportar más valor: acompañar al paciente, mejorar la adherencia terapéutica, detectar situaciones de vulnerabilidad. De cara al futuro, la digitalización y la integración en nuevos modelos de atención primaria son caminos llenos de posibilidades. Y la nueva Ley de Ordenación Farmacéutica nos da precisamente ese marco que necesitábamos para avanzar con seguridad. Tenemos mucho por delante, y lo afrontamos con ilusión.
En su opinión, ¿cómo es la relación actual entre industria farmacéutica y farmacia? ¿Qué valor aportan y qué podría mejorar de cada a futuro?
Es una relación necesaria y, en términos generales, constructiva. La industria aporta innovación, investigación y el desarrollo de los medicamentos que después nosotros acercamos al paciente. Sin ese trabajo previo, nuestra labor no sería posible. Dicho esto, siempre hay margen para mejorar. Una mayor coordinación entre industria, distribución y farmacia beneficiaría directamente al paciente, que es al fin y al cabo el centro de todo. Tenemos intereses compartidos y debemos aprovechar esa base común para trabajar de forma más integrada.
¿Cómo podría mejorar la situación y los problemas actuales que sufre la farmacia rural?
Con tres ingredientes: financiación, reconocimiento y relevo generacional. Aproximadamente, el 12% de nuestras farmacias están en situación de viabilidad económica comprometida, y todas ellas en el medio rural. Hay farmacias en municipios donde ya no puedes comprar una barra de pan, pero donde la farmacia sigue abierta porque el farmacéutico siente una responsabilidad con su comunidad. Eso merece un apoyo firme por parte de la Administración. El programa piloto de Farmacia Comunitaria Rural que estamos desarrollando con la Consejería de Salud va exactamente en esa línea: nuevos servicios remunerados, Escuelas Rurales de Salud, Sistemas Personalizados de Dosificación. Es un modelo que puede marcar el camino para toda España.
¿Cómo será el perfil futuro de un/a farmacéutic@? ¿Qué papel deben jugar las nuevas tecnologías en su día a día?
El farmacéutico del futuro será más asistencial, más social y más digital. No son tres características separadas, sino tres dimensiones de una misma realidad. La tecnología no sustituirá al farmacéutico, sino que le permitirá dedicar más tiempo y energía a lo que realmente importa: la persona que tiene delante. La inteligencia artificial, la teleasistencia, los sistemas de monitorización de la adherencia terapéutica... todo eso son herramientas al servicio del paciente. Pero la escucha, la confianza y el consejo personalizado seguirán siendo insustituibles. Eso es lo que nos define y lo que la gente valora de nosotros.
Si desea añadir algún comentario adicional...
Solo quiero subrayar algo que me parece fundamental: la farmacia riojana funciona porque hay grandes profesionales comprometidos detrás de cada mostrador, en cada pueblo y en cada barrio. Y funciona también gracias a una relación muy sólida con la Administración, basada en el diálogo y en el entendimiento mutuo. Ese clima de colaboración es un activo que hay que cuidar, porque en última instancia quien se beneficia de él es el ciudadano.