Transformando datos en Salud: del número al latido humano

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Redacción.
VML HEALTH, parte de VML THE COCKTAIL

Transformando datos en Salud: del número al latido humano

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Entrevistamos a César Pérez, director creativo, Ana Aguirre, medical writer, y Álvaro Marín, behavioral economics en VML Health, parte de VML THE COCKTAIL, sobre cómo hacer que los datos sean historias que informen, emocionen y generen impacto real.

¿Cuál es vuestra percepción general sobre cómo se comunican actualmente los datos en health? ¿Cuáles son los principales obstáculos y a qué audiencias es más urgente priorizar?
César Pérez: El gran reto es evitar que el rigor regulatorio sepulte el mensaje bajo demasiada jerga, asteriscos y letras pequeñas. Un dato sin contexto es solo ruido. Necesitamos adaptar el lenguaje según la audiencia: el paciente y el médico de primaria necesitan mensajes claros y entendibles para que se asimile en cinco minutos de consulta. En cambio, para el especialista, la clave no es la sencillez, sino lo diferencial. El "cómo" se entregan los datos es lo que marca la diferencia.

Álvaro Marín: Coincido con César en que el problema no es la falta de datos, sino la desconexión con ellos. Vivimos en una paradoja donde abunda la información precisa, pero rara vez habla para el paciente o el profesional. El verdadero obstáculo es la distancia entre la cifra y la realidad diaria. Un dato solo es relevante cuando se ancla en el contexto vital de quien lo recibe; no es lo mismo hablar de reducción de riesgo a un paciente que intenta reorganizar su día a día que a un gestor de hospital.

Ana Aguirre: Totalmente de acuerdo con mis compañeros, pero es cierto que esa rigidez responde a normas regulatorias para mantener la fidelidad científica. El reto está en traducir la información clínica sin perder el rigor científico. El colectivo médico sigue siendo prioritario, ya que necesita actualizarse constantemente para tomar decisiones acertadas, pero también debemos acercar la información al paciente con un lenguaje más sencillo y accesible.

¿Cómo podemos transformar un conjunto de datos complejos en una historia atractiva y memorable? 
Ana Aguirre: Desde el punto de vista médico, creo plenamente que la clave para contextualizar y estructurar una historia atractiva es relacionar los resultados clínicos con el patient journey. Si orientamos los datos de eficacia o seguridad a las etapas por las que vive un paciente, el dato cobra un sentido práctico inmediato. El beneficio real para la persona debe estar siempre en el centro de lo que queremos transmitir.

César Pérez: El dato nunca debe ser el protagonista, sino la prueba de una historia humana. Un número aislado es frío. Para contextualizarlo, nos ayudan las historias humanas que demuestran en qué se transforma ese dato en el día a día. Y si esas historias son reales (aunque a veces es difícil obtenerlas por temas de privacidad) el impacto es infinitamente mayor. Ahí entra el storytelling: los datos sorprenden, pero las historias hacen que se recuerden.

Álvaro Marín: Opino lo mismo: contextualizar no es adornar; es hacer que el dato importe en la vida de quien lo necesita. Los números solo cobran vida bajo la lente del comportamiento humano. Para que brillen, debemos pasar del "funnel lineal" tradicional al "journey comportamental". Por ejemplo, ante el 50% de no adherencia a tratamientos crónicos, el dato es duro; pero si lo analizamos desde la fatiga decisional o la sobrecarga cognitiva, la cifra se vuelve accionable. Acercar el dato a la realidad significa mapear el camino del paciente en micro-momentos del día a día, ofreciendo un esquema visual o una herramienta en el instante preciso de la duda.

¿Cómo podemos vincular un dato clínico con la experiencia humana real de un paciente sin caer en la sobreemocionalización?
Ana Aguirre: Es un debate sumamente interesante. Sin embargo, antes de profundizar, me gustaría aclarar que los datos clínicos no son abstractos ni conceptuales; son demostrables, objetivos y obtenidos tras ensayos clínicos muy exhaustivos. Es fundamental no confundir estos términos. Ahora bien, para vincularlos de forma rigurosa con experiencias reales, debemos proyectar cómo afectarán a la calidad de vida y al tratamiento del paciente.

Conectar lo racional con lo emocional es nuestro gran reto, pero debemos ser cautelosos para no sobredimensionar los mensajes (overpromised). La emoción es potente, pero la comunicación debe ser fiel a la realidad y científicamente demostrada para no generar falsas expectativas.

César Pérez: Humanizamos el dato poniéndole ‘cara al Excel’. No es lo mismo leer una tasa de incidencia del 10% que imaginar a diez personas en una sala y saber que una se verá afectada. La emoción impulsa a actuar, pero la ética en publicidad health es intocable; es decir ni aterrorizamos, ni generamos falsas esperanzas. El dato clínico es el ancla inquebrantable, y la emoción es el vehículo que lo transporta y lo eleva.

Álvaro Marín: En ciencia del comportamiento, hablamos de transformar el dato en una ‘verdad sentida’. No se trata de manipular, sino de conectar con preocupaciones reales: la búsqueda de control o el deseo de mejorar. Una curva de supervivencia puede ser un gráfico gris, o la historia de alguien que recuperó su calidad de vida. Cuando el dato conecta con lo que una persona siente, se convierte en significado y acción.

¿Qué principios son clave para simplificar la jerga médica sin perder rigor? 
Álvaro Marín: La clave es lograr una ‘simplicidad sin simplismo’. Nadie conecta con discursos impuestos; por eso, la ciencia del comportamiento nos empuja a pasar de una comunicación unidireccional, como ‘este fármaco reduce el riesgo X en un porcentaje Y’, a una narrativa compartida tal como ‘aquí tienes la herramienta para gestionar tu salud’. Metáforas, recursos visuales y un vocabulario cotidiano ayudan a que se trate al paciente como un agente activo del cambio, no como un sujeto pasivo de la estadística.

Ana Aguirre: Coincido con Álvaro en que la clave es la personalización. Mientras el especialista espera datos técnicos y análisis estadísticos para debatirlos, el paciente y su familia necesitan un lenguaje cercano enfocado en el impacto en su día a día. Nuestro rol médico es garantizar esa traducción, adaptando la densidad de la información según el perfil sin introducir sesgos. Un storytelling exitoso es el que integra lo racional con lo emocional sin desvirtuar la evidencia científica de la que parte.

César Pérez: La claridad no está reñida con el rigor; simplificar es adaptar el código. Mientras el médico analiza la curva de supervivencia, el paciente necesita saber si podrá seguir jugando con sus nietos. Ahí es donde el storytelling hace su magia: si integramos las cifras en una narrativa que acompañe el viaje del paciente, logramos que la información se vuelva memorable y útil para tomar decisiones.

Si logramos que la comunicación de datos de salud sea más relevante, emocional y accesible, ¿cómo transformará esto la relación de las personas con su salud?
César Pérez: Al convertir datos complejos en información cercana, cambiamos el paradigma. Pasamos de un modelo pasivo a uno donde el paciente es el verdadero gestor de su salud. Hablamos de personas que comprenden perfectamente sus riesgos, apuestan por la prevención y dialogan de tú a tú con sus médicos. Al final, un dato clínico bien contado tiene el poder real de mejorar muchísimas vidas.

Álvaro Marín: El futuro del sector no pasa por generar más datos, sino por aportarles mayor sentido. Cuando disciplinas como la ciencia del comportamiento ejercen de traductoras entre el rigor de la ciencia y la complejidad de la conducta humana, aumentan la adherencia a los tratamientos, las decisiones compartidas y la sensación de acompañamiento. Entonces los números dejan de ser fríos y empiezan, por fin, a latir.

Ana Aguirre: Consolidar la comunicación médica alrededor de la accesibilidad, la conexión empática y la adecuación del lenguaje a la audiencia es, sin duda, nuestro gran objetivo de cara al futuro. En el departamento médico trabajamos diariamente para que esta transición sea una realidad constante, personalizando los mensajes para que cumplan con su propósito educativo y clínico. Una comunicación en salud que sea a la vez rigurosa, clara y cercana es la herramienta más crucial que tenemos para que tanto profesionales sanitarios como pacientes mejoren, de forma conjunta, su relación con la enfermedad y su bienestar en el día a día.

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