"La innovación solo genera valor cuando llega a la realidad"

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Redacción.

"La innovación solo genera valor cuando llega a la realidad"

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La comunicación en salud vive una de las mayores revoluciones de su historia. Inteligencia artificial, salud digital, nuevos modelos asistenciales y un volumen creciente de innovación están redefiniendo el sector. Sin embargo, para Laura García, Business Lead de Publicis Health, el gran desafío no es solo estar al frente de la innovación, sino lograr que esta sea comprendida, adoptada e integrada en la práctica real. En esta entrevista reflexiona sobre el futuro de la transformación sanitaria, el papel de la inteligencia artificial y la importancia de conectar ciencia, tecnología y personas para generar impacto real en salud.

La innovación sanitaria atraviesa un momento especialmente intenso. ¿Cómo describirías el contexto que vive actualmente el sector?
Estamos viviendo una etapa extraordinaria. Nunca habíamos asistido a una convergencia tan potente entre ciencia, tecnología, datos e innovación. Cada día vemos avances que tienen el potencial de mejorar la prevención, el diagnóstico o el abordaje de múltiples patologías.

Sin embargo, creo que existe una diferencia importante entre innovar y transformar. La innovación ocurre cuando desarrollamos una nueva solución. La transformación ocurre cuando esa solución consigue incorporarse a la práctica habitual y generar valor real para profesionales, organizaciones y pacientes.

Por eso estamos ante un momento apasionante, pero también exigente. El reto ya no consiste únicamente en crear nuevas herramientas, sino en conseguir que el sistema sea capaz de adoptarlas, integrarlas y aprovechar todo su potencial.

En Publicis Health repetís una idea con mucha frecuencia: "el reto ya no es innovar, sino adoptar". ¿Por qué?
Porque vivimos una paradoja. Disponemos de más innovación que nunca, pero gran parte de ella encuentra dificultades para llegar a implementarse de forma efectiva.

Muchas soluciones generan excelentes resultados en entornos piloto o en fases iniciales de desarrollo, pero posteriormente aparecen barreras relacionadas con la confianza, la integración en procesos asistenciales, la gobernanza, la formación o la gestión del cambio.

A menudo pensamos que las barreras son tecnológicas, cuando en realidad suelen ser humanas y organizativas. Por eso creemos que el verdadero desafío consiste en cerrar la distancia que existe entre el potencial de una innovación y su adopción real. Ahí es donde se genera el impacto.

¿Es también esa la razón por la que participáis en el European HealthTech Forum?
Absolutamente. El European HealthTech Forum reúne precisamente a los actores que tienen capacidad para acelerar esa adopción: profesionales sanitarios, gestores, industria farmacéutica, empresas tecnológicas, startups y expertos en innovación. Nos interesa especialmente participar en espacios donde diferentes perspectivas pueden encontrarse, debatir y construir soluciones compartidas.

Creemos que las grandes transformaciones no nacen de una única organización, sino de la colaboración entre múltiples agentes que comparten un objetivo común. Y este foro representa muy bien esa filosofía.

La inteligencia artificial será uno de los grandes temas del encuentro. ¿Estamos ante una revolución real?
Sin duda. La inteligencia artificial ya está demostrando valor en múltiples ámbitos de la salud. Está ayudando a optimizar procesos, mejorar la toma de decisiones, acelerar análisis de información y abrir nuevas oportunidades para pacientes y profesionales.

Pero lo interesante es que hemos superado la fase de hablar exclusivamente de posibilidades futuras. Hoy ya existen casos de uso concretos y resultados tangibles.

La cuestión ya no es si la IA tendrá impacto en salud. La cuestión es cómo garantizar que ese impacto sea útil, seguro, ético y sostenible.

¿Cuál es entonces el principal reto para la adopción de la IA en salud?
Probablemente la confianza. Cuando hablamos de inteligencia artificial solemos centrarnos en algoritmos, plataformas o capacidad tecnológica. Sin embargo, la adopción depende de factores mucho más humanos.

Los profesionales necesitan comprender cómo funcionan las herramientas que utilizan. Las organizaciones necesitan evidencia. Los pacientes necesitan confianza. Y los sistemas sanitarios necesitan marcos claros de gobernanza y responsabilidad. Por eso solemos decir que el principal reto de la IA en salud no es tecnológico. Es humano.

La tecnología puede estar preparada; el sistema no siempre lo está.

¿Qué papel puede desempeñar una agencia especializada en salud dentro de este contexto?
Nuestra función es actuar como conector. En los proyectos de transformación sanitaria conviven profesionales con conocimientos, prioridades y objetivos diferentes. Industria, tecnología, gestores, clínicos o pacientes pueden abordar un mismo desafío desde puntos de vista muy distintos.

Nuestro trabajo consiste en facilitar que todos esos actores puedan entenderse, compartir una visión común y avanzar hacia decisiones concretas. Traducimos complejidad en claridad y ayudamos a convertir conversaciones en acciones.

Esa capacidad de conexión es probablemente una de las aportaciones más relevantes que podemos realizar al ecosistema sanitario actual.

¿Qué responsabilidad tiene la comunicación para acelerar la transformación de la salud?
Mucha más de la que a veces se le atribuye. Cuando hablamos de transformación sanitaria solemos pensar en innovación científica, tecnología o nuevos modelos asistenciales. Sin embargo, ninguna de esas transformaciones ocurre de forma automática. Para que una innovación genere impacto necesita ser comprendida, aceptada y utilizada por las personas a las que va dirigida. Y ahí la comunicación desempeña un papel fundamental.

La comunicación tiene la capacidad de acercar la ciencia a la realidad cotidiana, de convertir conceptos complejos en mensajes comprensibles y de generar la confianza necesaria para que profesionales, organizaciones y pacientes se sientan preparados para adoptar nuevas soluciones.

Además, vivimos en un entorno donde el acceso a la información es prácticamente ilimitado. El desafío ya no es informar más, sino ayudar a comprender mejor. En salud, esto resulta especialmente importante porque muchas decisiones tienen un impacto directo en la calidad de vida de las personas.

Por eso creemos que la comunicación no debe entenderse únicamente como una herramienta para difundir mensajes. Debe actuar como una palanca de transformación. Cuando está bien planteada, es capaz de conectar evidencia científica con necesidades reales, facilitar el diálogo entre distintos actores y acelerar procesos de cambio que, de otro modo, podrían tardar años en consolidarse.

En definitiva, la transformación de la salud dependerá de la ciencia y de la tecnología, pero también de nuestra capacidad para hacerlas cercanas, relevantes y comprensibles. Y en ese desafío, la comunicación tiene una responsabilidad decisiva.

Pero ¿por qué sigue siendo tan difícil comunicar la innovación sanitaria?
No porque falte información, sino porque a veces sobra complejidad. La innovación en salud suele estar respaldada por enormes cantidades de evidencia científica, datos clínicos y desarrollos tecnológicos sofisticados. Sin embargo, para que genere impacto necesita ser entendida por personas con necesidades, contextos y niveles de conocimiento muy diferentes, y que estas sientan que esas necesidades pueden resolverse precisamente gracias a nuevas soluciones.

Y las innovaciones que terminan transformando el sistema son aquellas que consiguen ser entendidas por quienes deben utilizarlas.

¿Qué papel puede desempeñar la creatividad en un sector tan regulado como el sanitario?
Existe la idea de que la regulación limita la creatividad, pero nuestra experiencia demuestra justo lo contrario. La creatividad en salud no consiste únicamente en llamar la atención. Consiste en hacer comprensible lo complejo, facilitar la toma de decisiones y ayudar a generar cambios de comportamiento.

De hecho, las restricciones nos obligan a ser mejores. Nos exigen encontrar ideas capaces de conectar con las personas sin perder rigor científico ni credibilidad. Y cuando combinamos evidencia, conocimiento de las audiencias y creatividad, conseguimos que la innovación resulte más cercana, más relevante y más útil.

Desde vuestra experiencia, ¿qué diferencia a las organizaciones que lideran la transformación de las que simplemente hablan de ella?
Creo que lo que marca la diferencia es la capacidad de ejecución. Hay muchas organizaciones que comprenden el potencial de la innovación. Sin embargo, las que realmente generan impacto son aquellas capaces de convertir una visión estratégica en cambios tangibles.

Esto implica asumir riesgos, fomentar la colaboración, trabajar con objetivos compartidos y entender que la transformación es un proceso continuo. Las organizaciones que lideran el cambio son las que consiguen pasar de la inspiración a la implementación.

En un entorno tan tecnológico, ¿qué papel juega el factor humano?
A veces tendemos a pensar que la transformación sanitaria depende exclusivamente de la tecnología. Sin embargo, detrás de cualquier proceso de cambio siempre hay personas.

Son los profesionales quienes incorporan nuevas herramientas a su práctica clínica. Son los gestores quienes facilitan la implementación. Son los pacientes quienes depositan su confianza en nuevas soluciones.

Por eso creemos que el futuro de la salud será cada vez más tecnológico, pero también cada vez más humano. La innovación solo genera impacto cuando responde a necesidades reales y cuando las personas se sienten preparadas para adoptarla.

Hablamos mucho de tecnología, pero menos de confianza. ¿Crees que será uno de los grandes activos del sector en los próximos años?
Sin duda. De hecho, creo que la confianza va a convertirse en uno de los factores más determinantes para el éxito de cualquier proceso de transformación sanitaria. Podemos desarrollar tecnologías extraordinarias, disponer de grandes capacidades de análisis de datos o implementar sistemas cada vez más avanzados, pero si profesionales sanitarios, pacientes y organizaciones no confían en esas soluciones, la adopción será muy limitada.

La confianza no se construye únicamente a través de la evidencia científica, aunque esta sea imprescindible. También depende de la transparencia, de la capacidad para explicar cómo funcionan las innovaciones, de la ética con la que se utilizan los datos y de la percepción de que la tecnología está realmente al servicio de las personas.

Lo estamos viendo claramente con la inteligencia artificial. Las preguntas más relevantes ya no son solo qué puede hacer una herramienta, sino cómo se toman las decisiones, quién supervisa los procesos o qué garantías existen para pacientes y profesionales.

Por eso creemos que uno de los grandes retos del sector será construir marcos de confianza sólidos que permitan aprovechar el enorme potencial de la innovación sin perder de vista la dimensión humana. Porque la adopción no ocurre cuando aparece una tecnología. Ocurre cuando las personas confían en ella.

La colaboración aparece constantemente cuando hablamos de transformación sanitaria. ¿Por qué es tan importante?
Los grandes desafíos sanitarios son demasiado complejos para ser resueltos desde una única perspectiva. La transformación digital, la inteligencia artificial o la sostenibilidad del sistema requieren la participación de múltiples actores.

Industria farmacéutica, hospitales, responsables de gestión sanitaria, empresas tecnológicas, asociaciones de pacientes y profesionales sanitarios comparten un mismo objetivo, aunque a menudo trabajen desde realidades diferentes.

Creemos que las mejores soluciones surgen precisamente cuando esas perspectivas se encuentran y son capaces de construir respuestas comunes.

¿Cuál crees que debe ser el papel de compañías como Publicis Health en un momento de transformación tan acelerado?
Nuestro papel va mucho más allá de la comunicación en un sentido tradicional. La transformación sanitaria está generando escenarios cada vez más complejos, donde conviven innovación científica, avances tecnológicos, cambios regulatorios y nuevas expectativas de pacientes y profesionales. En este contexto, creemos que las organizaciones necesitan socios capaces de aportar una visión integradora.

En Publicis Health trabajamos precisamente en esa intersección entre ciencia, estrategia, tecnología y creatividad. Nuestro objetivo es ayudar a que la innovación sea entendida, valorada y capaz de generar un impacto real.

Esto implica traducir conceptos complejos en narrativas comprensibles, facilitar el diálogo entre actores con perspectivas diferentes y diseñar experiencias que acerquen la innovación a quienes deben utilizarla y beneficiarse de ella.

Porque, al final, la verdadera transformación no ocurre cuando surge una nueva tecnología, sino cuando esta consigue integrarse en la realidad de las personas. Y para lograrlo hacen falta tanto avances científicos como capacidad para generar comprensión, colaboración y confianza.

Ese es el espacio donde creemos que podemos aportar más valor.

En el foro desarrollaréis el workshop 'De la IA explicable a la IA implementada'. ¿Cuál es su objetivo?
Partimos de una idea muy sencilla: la IA ya está lista, pero todavía existen numerosas barreras para su adopción efectiva. Por eso, queremos reunir en un mismo espacio a industria, tecnología, gestores y profesionales sanitarios para identificar cuáles son esas fricciones reales y cómo podemos resolverlas.

No buscamos una conversación teórica ni una demostración tecnológica: queremos generar un espacio de trabajo orientado a tomar decisiones. El objetivo es que los participantes salgan con ideas concretas, prioridades claras y posibles vías de actuación para acelerar la implementación de la innovación.

¿Cómo imaginas el sistema sanitario dentro de diez años?
Mucho más conectado, más digital y más basado en datos. Pero sobre todo más colaborativo.

La tecnología será una parte fundamental de esa evolución, pero no será el único factor decisivo. Las organizaciones que generen más valor serán aquellas capaces de combinar innovación tecnológica con comprensión de las necesidades humanas.

El futuro de la salud no dependerá únicamente de las herramientas que desarrollemos, sino de nuestra capacidad para integrarlas de forma útil en la vida de las personas.

Para terminar, ¿qué mensaje te gustaría trasladar a los asistentes del European HealthTech Forum?
Que estamos ante una oportunidad única.

La innovación, la inteligencia artificial y la transformación digital ofrecen un enorme potencial para mejorar la salud de millones de personas. Pero el impacto no se producirá por sí solo: necesitamos colaboración, confianza y voluntad de implementación.

Porque la innovación no transforma la salud cuando se desarrolla. La transforma cuando se adopta.

Y ese es el desafío colectivo que tenemos por delante

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