
Palau Pharma nació en 2006 como una compañía centrada en la investigación y desarrollo de nuevos fármacos, fruto de la escisión de la actividad de I+D del Grupo Uriach. La iniciativa respondió a la necesidad de dar continuidad a los proyectos científicos del grupo bajo un modelo independiente, capaz de atraer inversión externa y sostener el desarrollo de activos en un entorno especialmente exigente.
La compañía heredó una cartera de proyectos en fases tempranas, principalmente en el ámbito de enfermedades inflamatorias y autoinmunes, así como un equipo de más de 60 profesionales. Su enfoque estratégico se basaba en avanzar estos desarrollos hasta determinadas fases y, posteriormente, establecer acuerdos de licencia con terceros, manteniendo en algunos casos los derechos comerciales en España.
Desde sus inicios, Palau Pharma apostó por un modelo de innovación abierta, combinando capacidades internas con colaboración externa. Tal y como explica Ignacio Faus, ex CEO, “No es realista pensar que un fármaco se puede desarrollar en solitario. Hay que potenciar la búsqueda de partners, el business development…”. Esto llevó a la compañía a estructurar su estrategia en torno al business development y la generación de acuerdos con compañías internacionales.
El proyecto arrancó con una financiación inicial de 40 millones de euros, en un momento en el que el ecosistema inversor en biotech en España era aún incipiente. Durante sus primeros años, la compañía logró cerrar múltiples acuerdos de licencia y avanzar su cartera, aunque el elevado consumo de caja, con estructuras intensivas en personal y desarrollo clínico, marcó su evolución.
La crisis financiera de 2008 y la complejidad inherente al desarrollo farmacéutico obligaron a la compañía a replantear su estructura en 2010, reduciendo significativamente su tamaño y priorizando proyectos. A partir de ese momento, la estrategia se centró en maximizar el valor de los activos existentes mediante acuerdos con terceros y en asegurar la continuidad operativa con el apoyo de sus accionistas.
Finalmente, a partir de 2012, se inició un proceso de desinversión progresiva, en el que los activos de la compañía fueron licenciados o transferidos y el equipo reubicado. Este proceso marcó el cierre de una etapa que había comenzado con la ambición de construir una plataforma sólida de innovación farmacéutica, dejando como aprendizaje los retos estructurales del desarrollo en el sector biotech.
Artículo redactado por Daniel Galvis Andreu, cofundador de Simbionte y colaborador en BioEmprendedores.
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