Cuando el inglés se convierte en un riesgo (o una ventaja) para los laboratorios farmacéuticos

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Iñaki Nieto. CEO. Kleinson.

Cuando el inglés se convierte en un riesgo (o una ventaja) para los laboratorios farmacéuticos

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La industria farmacéutica es, probablemente, uno de los sectores más globales y regulados del mundo. La investigación multicéntrica, las agencias regulatorias internacionales, las cadenas de suministro globales, los partners tecnológicos en distintos países y los equipos multidisciplinares repartidos por varios continentes forman parte del día a día de cualquier laboratorio.

En este contexto, el inglés es la lengua franca. No obstante, hay una realidad incómoda que pocas veces se aborda de forma directa: hablar inglés no siempre significa saber comunicarse en inglés. Y esa diferencia, en el sector farmacéutico, puede convertirse en un riesgo real… o en una ventaja competitiva clara.

El problema no es el nivel de inglés, sino el contexto
Durante años, el foco de la formación lingüística en la empresa ha estado puesto en el “nivel”: B2, C1, fluidez, vocabulario técnico. Sin embargo, en la práctica, muchos de los problemas que surgen en entornos internacionales no tienen que ver con la gramática o el léxico, sino con la capacidad de comunicar con precisión, criterio y seguridad en contextos críticos.

No es lo mismo:

* Responder a un inspector de una agencia reguladora que mantener una conversación informal.

* Defender un dossier ante un comité internacional que participar en una reunión interna.

* Negociar condiciones de acceso a un mercado que presentar resultados genéricos.

Y, sin embargo, muchas organizaciones siguen abordando el inglés como una competencia transversal genérica, sin tener en cuenta el peso del contexto regulatorio, legal y estratégico propio del sector farmacéutico.

Cuando la comunicación se convierte en un riesgo operativo
En la industria farmacéutica, una mala comunicación no es solo un problema reputacional. Puede tener consecuencias directas sobre el negocio:

- Inspecciones regulatorias en las que una respuesta poco clara, ambigua o mal estructurada genera dudas innecesarias.

- Reuniones internacionales donde no se consigue alinear a los equipos porque los mensajes no se transmiten con claridad.

- Negociaciones con partners, licenciatarios o proveedores que se alargan o se encarecen por falta de precisión en el lenguaje.

- Presentaciones de proyectos de I+D que no logran transmitir el valor real del trabajo realizado.

En estos escenarios, el inglés deja de ser una habilidad instrumental y pasa a ser un factor de riesgo operativo si no se domina con el enfoque adecuado.

El cambio de paradigma: del idioma a la competencia estratégica
Cada vez más laboratorios están empezando a entender que el inglés, en su contexto, no puede abordarse como un curso estándar ni como una competencia aislada. Lo que realmente necesitan sus equipos es desarrollar competencias de comunicación estratégica, adaptadas a situaciones reales del sector.

Esto implica trabajar aspectos como:

- Cómo estructurar respuestas en auditorías e inspecciones.
- Cómo comunicar riesgos, desviaciones o CAPAs con claridad y sin generar alarmas innecesarias.
- Cómo liderar reuniones internacionales con equipos multiculturales.
- Cómo negociar precios, plazos y condiciones en mercados regulados.
- Cómo presentar datos científicos y técnicos a audiencias no homogéneas.

El idioma es el vehículo, pero el verdadero foco está en la toma de decisiones, el liderazgo y la credibilidad profesional. Este cambio de paradigma está en la base de enfoques como el International Performance Training, que conciben el idioma no como una competencia aislada, sino como una herramienta integrada en la comunicación profesional, orientada a mejorar la eficacia y el impacto en entornos internacionales complejos y regulados.

La ventaja competitiva de comunicar bien en entornos regulados
Cuando esta competencia se trabaja de forma adecuada, el impacto es claro y medible. Los laboratorios que invierten en una comunicación estratégica en inglés observan mejoras en aspectos clave:

* Mayor seguridad en inspecciones y auditorías, con equipos que saben cómo responder y cómo argumentar.

* Procesos de negociación más eficientes, con menos fricción y mayor claridad en los acuerdos.

* Mejor coordinación internacional, reduciendo errores, malentendidos y duplicidades.

* Mayor autonomía de los equipos, disminuyendo la dependencia de intermediarios externos.

* Reputación corporativa reforzada, tanto ante reguladores como ante partners internacionales.

En este punto, el inglés deja de ser un requisito y se convierte en una palanca de negocio.

Formación alineada con la realidad del sector
Este cambio de enfoque exige también un cambio en la manera de formar. No basta con clases tradicionales ni con contenidos genéricos de Business English. La formación eficaz en este contexto comparte una serie de características:

- Contenidos específicos del sector farmacéutico: regulatory affairs, quality, supply chain, market access, I+D.
- Trabajo sobre escenarios reales, no ejercicios académicos.
- Metodologías que prioricen la práctica, la reflexión y el feedback.
- Acompañamiento por profesionales que entiendan tanto el idioma como el contexto de negocio.

El objetivo no es que los profesionales “hablen mejor inglés”, sino que comuniquen mejor en inglés cuando más importa.

De la teoría a la práctica: un ejemplo de este enfoque
En los últimos años han surgido iniciativas que abordan esta necesidad de forma específica. Un ejemplo es el Pharmaceutical Executive Program, desarrollado por Kleinson, que plantea la formación en inglés como una experiencia aplicada a los retos reales de la industria farmacéutica.

El programa trabaja comunicación, compliance y liderazgo a través de módulos centrados en project management, negociación, regulatory affairs, calidad, supply chain o innovación terapéutica, utilizando una metodología de flipped learning y coaching lingüístico aplicado.

Más allá del formato concreto, este tipo de programas reflejan una tendencia clara en el sector: la necesidad de alinear el desarrollo lingüístico con los objetivos estratégicos del negocio.

El inglés como decisión estratégica
La industria farmacéutica es tan regulada y exigente que el inglés no es neutro. Puede generar fricción y riesgo operativo o convertirse en una ventaja competitiva real. La diferencia no está en el nivel certificado, sino en cómo, cuándo y para qué se utiliza el idioma en contextos críticos. Comunicar bien en inglés no es solo una cuestión lingüística: es una decisión estratégica.

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